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7.06.2012

7.03.2011

Un encuentro, un cambio...


En este libro de la escritora María Florencia Gattari, podemos distinguir dos historias diferentes, la de Agustín y la de Mora, dos adolescentes con vidas y experiencias distintas, cuyo encuentro, al principio poco placentero, cambiará definitivamente la manera de ver la vida de uno de ellos.

Agustín era un chico fastidioso, antipático, egoísta, no le importaba la vida ni los sentimientos de los demás. Le molestaba estar rodeado de mujeres en los distintos partidos de fútbol que jugaba Ferrocarril Oeste que miraba con su padre, los colores pastel, las personas que hablaban demasiado, la tutora de su curso en el colegio, las grandes discusiones con su hermana, Paula y otras cosas.

El río del pueblo cordobés donde vive Mora, es el lugar de encuentro de los jóvenes durante unas vacaciones de Agustín. La actitud descortés del muchacho molesta a Mora. Pero el acercamiento es inevitable.

Lo que voy a destacar es la tristeza que cada uno de ellos tuvo que vivir en un momento de su vida.

Agustín y el terrible dolor que lo marcó para toda su existencia, la muerte de su amado padre. Una de las personas más importantes en su vida. El recuerdo de los días compartidos en la cancha de su club de fútbol favorito , las caras (algunas graciosas) que ponía su padre cuando había un tiro de esquina, un penal u otra situación en el mismo. La soledad que le dejó la temprana desaparición de su papá, un vació en su interior que llenó con sentimientos negativos, entre ellos la indiferencia hacia los otros.

En el caso de Mora, la gran pena que le trajo la decisión de sus padres, de mudarse a Buenos Aires. Abandonar a sus queridos amigos, a su adorado río, a su pueblo.

En el momento que Agustín, sintió la tristeza que tenía Mora por verse obligada a abandonar su ciudad, es cuando la empezó a entender y dio inicio su cambio. En lugar de ver pasar la vida y solo pensar en su propio bienestar, empieza a preocuparse por alguien más. Mora no toleraba la idea de apartarse de su lugar, en especial de su río. Agustín, de vuelta a Buenos Aires de sus vacaciones, empieza a fantasear en traer a su barrio, un río solo para hacer feliz a Mora.

Dos dolores distintos, ambos con el tiempo se irán haciendo más suaves, quizás gracias a ese inesperado encuentro.

Como final, me quedó con las últimas palabras de este libro, que son fiel reflejo de los sentimientos del protagonista:

“Yo no estaba preparado: no la vi venir. Por eso me la choqué, claro.

Desde que la conozco, aprendí a callarme un poco. Desde que la conozco, me volvieron las ganas de hablar.

No la vi venir, pero qué bueno que vino. “

PD: En la imagen, un río, un lugar especial en esta historia. Un sitio de encuentro de sentimientos. Un río que representa la felicidad de Mora, y el deseo de Agustín de darle esa felicidad.