
En esta novela en la que todos parecen perder (hay madres que pierden a sus hijos e hijos que pierden a madres), hay también, algo que se gana. Al dolor no queda más que atravesarlo, y esa travesía es la que permite recuperar al deseo de vivir.
A la protagonista del libro “Perder” (de una edad aproximada a los 30) cuenta sobre la depresión de la pérdida de un hijo, su primer hijo. Pero a la vez hay otro chiquito (de unos 5 añitos) que sufre la perdida de sus padres. En ambos se relata la aventura de como sobreviven y llevan a cabo una muerte tan importante, como es la de un ser querido tan cercano e irreemplazable.
La protagonista del cuento está pasando por un proceso llamado por Freud” trabajo de duelo” la realización del mismo es una tarea difícil y desagradable, que muchas personas tratan de retardarlo, aferrándose a la ilusión de que la persona perdida aún vive.
Mayormente una persona que se halla en trance de duelo trata de crear un “objeto sustituto” dentro de sí mismo una vez que el “objeto” real ha desaparecido. En este caso no sucede así, ella se hace muy amiga de un nene muy chiquito que es huérfano, pero no quiere que él reemplace a su hijo, no quiere reemplazar su dolor con nada por eso sufre día a día; por que le cuesta tanto pasar por ese duelo.
Hay casos muy conocidos de madres que tratan de pasar por un dolor tan grande como es la pérdida de un hijo, ya sea una muerte o el no saber cómo están, ellas son: “las madres de plaza de mayo”, “las madres del dolor”, “La madre de Marita” , y muchas otros casos, algunos ya difundidos por los medios de comunicación y otros que no, pero aun así no dejan de ser tan importantes como los demás.
Hay una parte del cuento que me impacto mucho, y dice así:
“Cuando tenía a mi hijo no podía imaginar nada peor que la incertidumbre de no saber dónde está, con quien, si alguien lo está maltratando, si tiene frio o calor[…]; pero ahora se perfectamente que hay algo peor que la incertidumbre: la certeza. Yo sé dónde está mi hijo, se como esta. Esta bajo tierra en su pequeño cajoncito. Y está muerto. No existe ninguna esperanza de volverlo a encontrar, porque no está perdido”